Llegó la hora de cerrar la empresa

Llegó la hora de cerrar la empresa. Mi familia tenía más de 14 años de tener el negocio, que durante los primeros 10 años fue próspero y rentable, pero que durante los últimos 4 años comenzó a mostrar una tendencia a la baja. En el año número 15 no quedó más remedio que cerrar.

Mis papás siempre han tenido negocios, y como buenos asiáticos, casi todos fueron restaurantes o bares. Muchos recuerdos de mi niñez son en cocinas. Cuando yo tenía 6 años, por ahí de 1991 mis papás ya habían tenido un par de restaurantes y comenzaban una nueva idea de negocio: tener un Karaoke.

 
Yo una tarde cualquiera por ahí de 1993 en Karaoke 88

Yo una tarde cualquiera por ahí de 1993 en Karaoke 88

El Karaoke fue idea de mi papá luego de un viaje a Taiwán. Con eso en mente, alquiló un local en San José centro, ubicado en el segundo piso de Salsa 54 (todavía existe).

El karaoke abrió sus puertas y los únicos que llegaban a cantar eran chinos que no consumían nada, ni bocas, ni cervezas, nada. Solo té verde. Así que, luego de 6 meses sin ganancias, mi papá decidió trasladar el negocio de San José Centro a San Pedro de Montes de Oca; y junto a mi tío compró un restaurante llamado 88 al que bautizaron Karaoke 88.

Sí, estoy hablando del legendario Karaoke 88 que se encuentra frente a la facultad de arquitectura de la UCR. El traslado, fue hasta ese momento nuestra experiencia más cercana al cierre de una empresa. Aunque técnicamente no fue un cierre, sino más bien una mudanza. Yo recuerdo todo, mis papás no tenían con quien dejarnos, así que mi hermano y yo nos la pasábamos ahí metidos, todo el día.

¡Listos para la piñata! Karaoke 88 era el lugar oficial para las celebraciones familiares, aquí en la fiesta de cumpleaños de mi hermano.

¡Listos para la piñata! Karaoke 88 era el lugar oficial para las celebraciones familiares, aquí en la fiesta de cumpleaños de mi hermano.

Una de mis cosas favoritas era ir los sábados en la mañana al salón del karaoke a buscar objetos perdidos. La gente siempre dejaba cosas perdidas y mi hermano y yo las recolectábamos y guardábamos en caso de que sus dueños aparecieran. Nunca nadie llegaba por ellas.

Nosotros literalmente vivimos unos 5 años en Karaoke 88, hasta que la administración del karaoke agotó a mi papá y a mi tío.

Mi familia decidió cambiar el tipo de negocio y junto a mis tíos tomaron una oportunidad en el comercio de accesorios para vehículos. La idea de incursionar en este negocio fue de mis primos, ellos vieron una oportunidad de ofrecer mejores condiciones en el tipo de mercadería que se encontraba en el mercado; esta es la empresa que luego de 15 años, no quedó más remedio que cerrar.

Recuerdo que yo tenía unos 16 años cuando mi papá, y sus socios comenzaron a aterrizar la idea en una cochera prestada.

De los negocios anteriores tengo recuerdos, pero de este último tengo experiencias. Para los inicios del negocio yo estaba por entrar a la universidad, así que apenas el negocio tomó forma yo estudiaba y trabajaba en el negocio, al que siempre le llamamos “la tienda”.

Pasamos por dos cocheras de casas diferentes, antes de llegar a un local en un centro comercial. Pasarnos a un local fue el momento más importante; para que me entiendan era pasar de una cochera de una casa a un local lindo, con vitrinas y toda la formalidad de un punto de venta.

Este acontecimiento fue tan importante, que contratamos la danza del león (costumbre china) como símbolo de gratitud y buena suerte para la nueva etapa.

A “la tienda” entré con uniforme de colegio y salí con un título universitario hacia mi primer trabajo formal fuera del negocio familiar. El primer trabajo formal no fue lo que yo esperaba, así que un año después renuncié y volví a “la tienda”.

Luego aproveché una oportunidad para estudiar fuera del país. Al regresar a Costa Rica traté de colocarme nuevamente en un trabajo relacionado con mi profesión (periodismo). Mientras buscaba una oportunidad en periodismo, seguí apoyando en “la tienda” hasta que encontré un trabajo que me permitió ejercer mi carrera.

Pasaron unos 5 años y una vez más volví a “la tienda”, renunciando a mi trabajo para apoyar en lo que nunca me imaginé, cerrar “la tienda”. Después de más de 15 años operando, no quedó otro camino más que cerrar la empresa.

¿Cómo saber si hay que cerrar la empresa?

¿Cómo se tomó la decisión? La idea de cerrar se mencionó por primera vez un año antes del cierre, cuando por condiciones de mercado las ventas comenzaron a bajar. En los últimos 6 meses, los ingresos apenas cubrían los costos. Aún y cuando doliera, era evidente que debíamos cerrar.

Creo que la clave para decir si hay que cerrar un negocio, es no dejar que las emociones nublen la objetividad. Cuando se decide cerrar un negocio hay dos procesos que se llevan de manera simultánea: los trámites y el duelo.

El duelo es complicado, sobre todo cuando el negocio es parte de uno mismo, los empleados son la familia y el corazón engaña devolviéndolo a uno a pensar si es mejor seguir pulseándola.

Mi papá y yo en la ¨tienda¨ ubicada en la sala de una casa de uno de los socios.

Mi papá y yo en la ¨tienda¨ ubicada en la sala de una casa de uno de los socios.

No somos ni los primeros, ni los últimos en cerrar un negocio, esto pasa todo el tiempo, todos los días se cierran negocios. Pero cómo cuesta, cómo duele y cómo asusta.

Nuestro primer paso luego de tomar la decisión fue poner una fecha. Porque no hay nada peor que el masoquismo, por lo que lo queríamos hacer lo más rápido y lo menos doloroso posible. Y nosotros inocentemente pensábamos que el cierre era un trámite rápido y sencillo. Pues no, cerrar un negocio lleva casi la misma tramitología que abrir uno, solo que se percibe más lento, quizá porque no está la emoción y el positivismo de los proyectos nuevos.

Ejecutar el cierre de “la tienda” se tradujo en una lista de requisitos, donde cada uno se dividía en más requisitos y los días transcurrían entre cartas de solicitud de retiro de servicios, papeleos, avisos, pagos pendientes y otros.

La lista de requisitos me generaba sentimientos encontrados. Por un lado sentíamos ganas de que ya todo terminara, pero por otro lado nos mantenía ocupados, y nos hacía sentir que aún estábamos trabajando.

Yo tenía miedo de que llegara el día en que la lista de requisitos se acabara, no tanto por mi, sino por mis papás. Tenían 15 años de tener un rutina y yo no sabía cómo iban reaccionar con el cambio, sobre todo mi papá que ha trabajado toda su vida y no sabe lo que es tomar descansos prolongados.

Finalmente la lista se acabó, y de manera formal logramos cerrar “la tienda”. Fue una sensación de alivio para mis papás e incertidumbre para mi, ya que no tenía trabajo.

Unos cierran y otros abren

Les cuento esta historia porque paralelo a este cierre comenzó un nacimiento. Historiería se fue gestando al mismo tiempo que la tienda fue cerrando. Mi papás hacían bromas y decían: “nosotros vamos saliendo y usted va entrando”. Y sí, así es, la vida está llena de ciclos, unos que inician y otros que terminan.

Del proceso de cierre de “la tienda” nació Historiería y este blog.